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Basáñez

Abriendo la cancha de la igualdad

La temporada de la Primera División Amateur dará inicio en agosto y tendrá un hito fundamental en filas rojinegras. El Club Atlético Basáñez presenta con orgullo el debut de la primera entrenadora que integrará un cuerpo técnico de fútbol masculino a nivel de mayores. Lucía Bouza hará su estreno del otro lado de la línea de cal luego de desempeñarse como futbolista en varias temporadas. Una auténtica vanguardista que le demostrará a toda la sociedad el gran conocimiento que poseen las mujeres sobre este hermoso deporte.

Por Federico Maritán /PeriscopioMVD

Lucía Bouza Trabal es categoría 86, tiene dos hijos y viene un tercero en camino. Es una verdadera aficionada al deporte y ha practicado gimnasia, karting, vela y fútbol en sus más diversas variantes. Como futbolista de campo jugó varias temporadas en Juventud Colonia y en Seminario. Las ganas de aprender y de conocer mejor el fútbol la llevaron a formarse como entrenadora. Nacho, un compañero de clase, le dijo que en Basáñez querían integrar a una nueva persona al cuerpo técnico y que había pensado en ella. Debutará el 1º de agosto y será la primera mujer en integrar un cuerpo técnico de un plantel superior masculino en nuestro país.

¿Por qué los hombres pueden entrenar equipos femeninos y las mujeres no podrían estar a cargo de equipos de varones? Una pregunta que interpela a los tradicionales estereotipos forjados sobre la férrea imagen masculinizada de un espléndido deporte para todos y todas. Hace un buen tiempo, aunque persista cierta resistencia, el fútbol dejó de ser un juego de hombres por excelencia para integrar a las mujeres en sus más diversas esferas. Uruguay no es ajeno a este fenómeno global y la presencia femenina es cada vez mayor desde el fútbol infantil hasta la competencia oficial de la Asociación Uruguaya de Fútbol. La pelota y el par de championes con tapones pasaron a ser una buena opción de regalo de Reyes para las niñas, al tiempo que crece de forma simultánea el número de uruguayas que desempeñan diferentes roles en el apasionante mundo del balompié. Lucía Bouza es una fiel representante de una nueva generación que difumina los prejuicios del pasado en pos de un horizonte más igualitario entre ambos géneros a través de la pelota. Hará su debut como entrenadora en el próximo campeonato de la Primera División Amateur como integrante del cuerpo técnico del plantel superior de Basáñez. El equipo de trabajo liderado por Martín Siri continúa al frente del legendario cuadro de la Unión para conquistar el ansiado retorno al fútbol profesional. Lucía dialogó con nosotros y manifestó su alegría por el nuevo compromiso asumido. Reconoció que le sorprendió esta importante oferta porque se recibió hace poco tiempo de entrenadora, pero afirmó que no deja escapar ninguna oportunidad que se le presenta en la cancha de la vida.

¿Cuándo empezó tu vínculo con el fútbol? Arrancó a los 14 años en el fútbol 5. Siempre me gustó el deporte y la actividad física en general. De chica hice ballet, gimnasia artística y karting. Después, ya de más grande, hice vela y optimist. A cualquier deporte que apareciera me sumaba. Pero el fútbol siempre me interesó, desde la escuela, cuando jugaba con mis compañeros.

¿Te acordás de tus primeros championes con tapones? Antes de ir a jugar fútbol 5, juntaba la plata que me daban mis abuelos, o cuando se me caía un diente, para comprar camisetas y championes. Hasta me compré ropa de golero. En mi casa siempre me apoyaron y me dieron para adelante. Fue algo totalmente natural.

Jugaste al fútbol 5, al futsal y al fútbol 11. ¿En qué posición te ubicabas en la cancha grande? Jugué en varios puestos. En donde más lo hice fue en el lateral, tanto derecho como izquierdo, porque me sentía más cómoda. También jugué de volante, pero me gustaba arrancar más de atrás. Se me daba bien correr y tener bastante ida y vuelta. Nunca fui muy habilidosa para marcar, pero las ganas jamás faltaron. En cualquier posición que me tocara entrar estaba contenta porque me gustaba jugar

Un elemento recurrente en el debate sobre el deporte femenino se basa en las disyuntivas que debe atravesar una mujer para desarrollar una carrera deportiva extensa. Uno de ellos es elegir entre ser mamá o dedicarse de forma plena a la competición. ¿Este fue tu caso para no seguir tu trayectoria como futbolista?

En un momento dejé de jugar porque había quedado embarazada de mi hijo. Después quise reenganchar pero vino el otro embarazo. Tiene esa incompatibilidad, sí. En mi caso, el fútbol siempre me lo planteé como algo recreativo y amateur y nunca me lo tomé cómo algo profesional que pudiera tener un impacto en mi vida para tomar ciertas decisiones.

¿Cómo surgió el interés por ser entrenadora? Siempre me gustó conocer el juego. También tuve algunas experiencias en el trabajo cuando jugábamos partidos o campeonatos de fútbol 5. Yo hacía de técnica, me gustaba y me salía natural. Tenía ganas de estudiar para aprender más, para formarme, para conocer y para poder entender como se ve el fútbol hoy en día. Básicamente, por eso arranqué el curso.

¿Cómo se para un equipo de Bouza en el campo de juego? Me gusta un juego en el que somos protagonistas pero, obviamente, va a depender del equipo en el que se esté, del plantel con el que se cuente y de cada partido puntualmente. No soy de los que piensan que hay que jugar exactamente igual todos los partidos y contra todos los rivales. Hay partidos en los cuales en ciertos momentos me van a estar presionando y tengo que jugar con una línea defensiva muy baja. Esa no es la idea central de nuestro juego, pero se va a hacer porque se busca sacar un resultado.

¿Cómo se produjo tu arribo a Basáñez? Uno de mis compañeros en el curso de entrenadores era el preparador físico Ignacio Denis. Él me comentó que estaba desde hace un tiempo en Basáñez y que andaban en la búsqueda de una persona para dar una mano como ayudante. Me dijo que había pensado en mí y me gustó la propuesta. Si bien no era algo que estaba buscando en este momento, las oportunidades por algo llegan: hay que tomarlas e ir para adelante. Estoy muy contenta de estar en Basáñez.

¿Cuál es tu primera evaluación sobre el trabajo que vienen realizando en el club para afrontar el campeonato que se inicia?
La realidad del club no me es ajena por haber jugado muchos años en el fútbol femenino. Si bien hay carencias por la realidad del país en general, me sorprendió muy positivamente la forma de trabajo y el profesionalismo tanto del cuerpo técnico como de los jugadores, la responsabilidad con la que se toman los trabajos y el nivel futbolístico.

Integrar un cuerpo técnico implica tomar decisiones, algo que puede resultar más complicado para una mujer dada la idiosincrasia machista que aún persiste en el fútbol. ¿Cómo se viene desarrollando tu vínculo con los futbolistas desde tu rol de conductora del equipo? Me tratan con respeto. Nunca noté una diferencia por ser mujer. De hecho, me impresionó para bien la apertura de los chiquilines para escuchar. En algunos casos, ellos tienen mucha más experiencia que la que tengo yo. Me toman como una más. Eso me puso muy contenta y me hace muy fácil trabajar con ellos.

¿Qué les prometés a los hinchas de Basáñez? Lo primero, trabajo. Dar el máximo para cumplir los objetivos que son los de estar peleando para ascender. Por otro lado, en lo que tiene que ver con lo futbolístico, que se vea al cuadro jugar y lo que se trabaja, que se entienda a qué juega Basáñez, que hay algo claro y que no son casualidades las cosas que se dan.

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